Dia 830-831: El largo camino hacia los glaciares

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Pepi, Nacho, Cati y Panta (los padres y tíos de Èlia respectivamente) llegaron a Queenstown con un día de retraso gracias a la efectividad y a los problemas continuos que ocurren en el aeropuerto de Heathrow. Tras una cadena demasiado larga de desgracias y después de un par de noches en vela sin poder descansar bien, llegaron al paraíso dispuestos a cumplir con el plan establecido. Así que tras poco más de minutos de descanso en casa nos pusimos rumbo a nuestro primer destino, Franz Josef.

Nuestro estimado landlord nos había recomendado no salir muy tarde ya que un tramo del Haast Pass estaba en obras y la carretera quedaba cortada a la altura de Makarora, un pueblucho en el que no hay absolutamente nada.

Las radiantes Blue Pools cerca de Makarora

Las radiantes Blue Pools cerca de Makarora

Nos montamos en nuestra flamante furgoneta Jucy de siete plazas y a todo gas nos plantamos en Makarora antes de las 6.30, hora a la que supuestamente cerraban la carretera, sin poder parar ni a miccionar. Cruzamos la valla a medio cerrar sobre las 6.20 y alegres como unas castañuelas hicimos un “high five” y nos liberamos de la presión por llegar a tiempo.

A unos cinco kilómetros de Makarora se encuentran las fantásticas Blue Pools, unas piscinas naturales que están frías del carajo pero que tienen un color turquesa espectacular. Evidentemente paramos, sacamos cuatro fotos con la calma, dejamos que los recién llegados respiraran la frescura de este país y seguimos nuestro camino hacia el pueblo de Franz Josef.

El hotel que nos salvó la vida

El hotel que nos salvó la vida

Seguimos conduciendo y de repente un coche que viene en la dirección opuesta nos advierte con señales luminosas para que paremos el coche. Un hombre con cara de pocos amigos nos dice que acaban de cerrar la otra punta de la carretera y que no podemos continuar… ¡Mierda! Después de decirle cuatro cosas decidimos avanzar hasta encontrarnos con la barrera y tras intentar destrozar el candado con nuestras manos nos damos por vencidos (con una rabia interior y con unas ganas de matar a alguien increíbles) y volvemos hacia Makarora, el pueblo fantasma.

Por suerte hay una gasolinera y lo que parece ser un hotel. No hay ni una luz pero en la puerta hay un teléfono de contacto, así que llamamos y por suerte el dueño nos dice que en cinco minutos viene. Aparece Norman Bates y nos ofrece una de las casitas de su Makarora Tourist Centre por un precio muy razonable, 170NZD para 7 personas, 70NZD las dos primeras y 20NZD extra por persona. Si quisiera nos podría haber cobrado el triple…

Tuvimos suerte y pudimos comprar algunos víveres en la tienda de Norman, así que al final cenamos y descansamos como reyes en nuestro hotel improvisado. Además, un servidor llamó todo enfadado al hotel donde teníamos que haber pasado la noche y tras culparlos a ellos de no avisar del corte de la carretera nos dijeron que nos devolverían el dinero de la reserva. En resumen, todas las desgracias al final quedaron en una aventura más para contar a nuestros nietos.

Los bonitos paisajes de la West Coast (conocida como Wet Coast)

Los bonitos paisajes de la West Coast (conocida como Wet Coast)

La mañana siguiente, bien descansados y almorzados, pusimos rumbo a nuestro destino con intención de recuperar los kilómetros perdidos de ayer. En el tramo de carretera en obras nos cruzamos con nuestro amigo “el simpático” al cual le dedicamos un corte de mangas de los buenas… qué rencorosos que somos!

Por fin llegamos a Fox Glacier, el primero de los dos famosos glaciares que se encuentran el la costa oeste de Nueva Zelanda. El día no es muy bueno y la visibilidad tampoco es perfecta, así que tras pensarlo nunca decidimos entre todos no hacer el tour el helicóptero sobrevolando los glaciares ya que sería tirar el dinero.

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De camino al Fox Glacier

Este gigantesco glaciar está alimentado por otros cuatro glaciares alpinos. Acumula un desnivel total de 2.600 metros en sus 13 kilómetros de longitud desde los Southern Alps hasta la costa, hecho que lo distingue por ser uno de los pocos glaciares que terminan entre un frondoso bosque tropical a sólo 300 metros sobre el nivel del mar.

Fox Glacier y restos de hielo milenario

Fox Glacier y restos de hielo milenario

Igual que la mayoría de los glaciares del mundo el Fox también está retrocediendo debido al cambio climático y la mayor parte se ha producido en los últimos 100 años. Lo curioso de este glaciar (y de otros similares situados en la West Coast) es que entre los años 1985 y 2006 avanzó a una velocidad de un metro por semana, debido principalmente al aumento de la precipitación durante esas décadas por el fenómeno de El Niño, conocido por todos.

Detalles del Fox Glacier, cada año más menguado

Detalles del Fox Glacier, cada año más menguado

El glaciar es espectacular y el color azul del hielo una maravilla. Dependiendo de la época del año en la que visitéis estos glaciares os los encontraréis más o menos sucios. En invierno suelen estar más blanquitos y en verano se cubren de la arena y las rocas que se desprenden de las laderas. Lo más impresionante, sin duda, es oír el crujido del hielo. A ver si tenéis suerte…

Los colores azules del hielo impresionan

Los colores azules del hielo impresionan

La verdad es que impresiona bastante ver las señales que indican hasta dónde llegaba el glaciar hace unos años y ver lo rápido que nos lo hemos “comido” con nuestros CFC’s (clorofluorocarbonos). Es una verdadera pena pensar que estas maravillas de la naturaleza acabaran desapareciendo algún día si no somos un poco más conscientes.

De vuelta a nuestra Jucy Camper para seguir la aventura

De vuelta a nuestra Jucy Camper para seguir la aventura

Un poco más adelante se encuentra el Franz Josef Glacier, otro glaciar muy famoso de dimensiones y características muy similares a las de su compañero Fox. La caminata para llegar hasta el glaciar se hace un poco más pesada (sobretodo si es bajo la lluvia) pero las vistas también merecen la pena.

De camino al Franz Josef Glacier

De camino al Franz Josef Glacier

Actualmente tiene 12 km de longitud y exhibe un patrón cíclico de avance y retroceso, impulsado por las diferencias entre el volumen de agua de deshielo a los pies del glaciar y el volumen de las nevadas. En la fase de avance alcanzó una tasa de 70cm al día, un flujo aproximadamente diez veces superior a la de los glaciares típicos. Se cree que hace varios miles de años el glaciar se extendía hasta el mar… ¡Qué impresionante debería haber sido verlo en su máximo esplendor!

Día de lluvia y niebla en Franz Josef Glacier

Día de lluvia y niebla en Franz Josef Glacier

Vistos los glaciares todavía nos quedaban unos cuantos kilómetros por conducir para recuperar lo perdido y llegar hasta Greymouth, una ciudad con poca cosa interesante que ver. De camino hemos hecho un par de paradas para que estos jóvenes estiraran las piernas…

No hemos podido evitar parar… vaya colores

No hemos podido evitar parar… vaya colores

Hemos llegado un poco antes de lo previsto y hemos aprovechado para acercarnos hasta Punakaiki para ver las famosas Pancake rocks y sus Blowholes. La carretera desde Greymouth tiene muchas curvas pero los acantilados y las vistas hacia el mar son espectaculares.

Punakaiki o Pancake Rocks, un sitio curioso donde los haya

Punakaiki o Pancake Rocks, un sitio curioso donde los haya

Pues bien, es estas fotos podéis ver las famosas Pancake Rocks, un sitio curioso donde los haya. Se trata de una zona de piedra caliza fuertemente erosionada donde el mar irrumpe a través de varios blowholes o respiraderos verticales (no confundir con blowjob) durante las mareas altas.

Las Pancake rocks y sus blowholes

Las Pancake rocks y sus blowholes

Cada vez que el agua impacta contra las rocas todo tiembla, la roca ruge y los blowholes se encargan de lanzan el chorro al aire y disipar la energía que llega desde el océano. Hay varios caminos a través de estas fantásticas formaciones rocosas desde los que podréis sacar fotos chulísimas. Punakaiki es un lugar recomendable para una visita rápida.

Un bonito atardecer en Punakaiki

Un bonito atardecer en Punakaiki

De vuelta en Greymouth, ya totalmente de noche, las hemos pasado cantutas para encontrar un sitio en el que poder cenar. No son más de las 7 de la tarde pero como ya os hemos dicho muchas veces todos los pueblos de este país están muertos a partir de las 6 de la tarde (a excepción de Queenstown y un par de ciudades más).

Las últimas fotos del día en Punakaiki

Las últimas fotos del día en Punakaiki

Por suerte encontramos un restaurante en el que cenar algo y en el que nos hicimos amigos de una señora catalana y su marido afroamericano con el que llevaba viviendo más de 20 años en Washington DC. ¡Qué pequeño es el mundo! ¡Buenas noches viajeros!

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